lunes, 2 de abril de 2007

CAPÍTULO V

Aunque le pese, aunque se le haga difícil y le cueste un mundo salir de la cama cada mañana, tendrá que seguir yendo a clase. -No voy a dejarlo todo ahora. No después de tanto esfuerzo…- Es lo que quiere, lo único que algunas veces la mantiene pegada a la realidad, donde tiene la sensación de que sus pies pisan suelo firme. Pero no es seguridad lo que busca entre sus papeles, sus carpetas, sus recortes, las palabras que parecen extraviarse cada vez más a menudo… En realidad sólo busca no dejar de ilusionarse, no perder las ganas de seguir caminando pese a todo. Piensa en Marcello, en su interminable viaje inclinado. Intenta imaginar la cara que pondrá si se lo cuenta… -Sí. Seguro que lo entiende…


Il signore Panna aún no lo sabe, pero no se equivocan. Las últimas pruebas no dejan lugar a dudas. Podría cambiar sólo un número y las cosas serían tan distintas… Hoy tiene que ir… hoy le dirán… No sabe si prefiere un sí o un no. Aunque tiene tantas ganas de verla… Pero no está en su mano decidir. Tendrá que adaptarse… sea lo que sea. Un golpe de viento frío y seco le devuelve a la mañana que avanza con pasos de gigante. Suenan campanas… que en el cementerio parecen ser la única música que calma el dolor, el silencio de tantas vidas… -Llego tarde.- Igual ha sido Marcello el que le ha “avisado”, aún agazapado en cualquier rincón de cariño que ha podido encontrar, en los pliegues cálidos de su desgastada ropa. Se despide con torpeza (teme que ella lo note…) y se marcha con sus pasos siempre forzados e irregulares, con el olor a claveles frescos impregnando su traje. -Claveles rojos… los que más le gustan. Nunca quería rosas… “porque están muy vistas”, “porque pinchan”.


CRIS

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